El Gran Acuerdo Necesario

montevideo_uruguay_nasa.jpgmontevideo_uruguay_nasa.jpgBienvenidos a Ciudadano Álvaro.

Este primer “post” se lo quería dedicar a algo que creo muy necesario para nuestro país: un nuevo gran acuerdo nacional.

MCercado por el “r�o de los pájaros pintados”, y bañado por el “r�o ancho como mar”, descansa el Uruguay, tierra noble, pero cuyo pueblo hace mucho tiempo que no cree en s� mismo.uchos de los lectores se preguntarán ¿por qué es necesario un gran acuerdo nacional? No trataremos de darles respuestas que vayan más allá de sus conciencias; pero sí les daremos nuestra opinión de por qué consideramos que un nuevo gran acuerdo nacional es necesario.

Nuestro país ha tenido distintas instancias “fundacionales”; se podría decir que la primera, la formal, fue la independencia en el año 1828. En ese año nacimos a la vida como Estado, y a partir de allí debimos de comenzar a transitar un camino, ya no como provincia autonóma, sino como Estado-Nación independiente. La segunda instancia fundacional fue el fin de la Guerra Grande: dicho conflicto confirmó la viabilidad del Uruguay como país independiente. El final de esta gran guerra civil es un ejemplo de acuerdo nacional: “ni vencidos ni vencedores”; una demostración de, al menos, voluntad de forjar un destino común más allá de bandos o partidos.

Una tercera instancia fundacional podría ser la segunda Constitución de 1917: permitió sellar un nuevo acuerdo consistente en el sufragio universal, mayor ejercicio democrático ejercido a través de las votaciones cada dos años para los diferentes órganos de gobierno, cogobierno de los partidos en pugna y un convencimiento -forjado a través de una educación nacional- de que las luchas que antiguamente se dirimían con las armas deberían ser zanjadas en los comicios.

Aparentemente parecería que después del traumático episodio de la dictadura cívico-militar, debería haber habido un nuevo “pacto fundacional”, un nuevo acuerdo nacional. Pero no lo hubo. Lo que podría considerarse como ello sería la ley de anmistía -o de caducidad-, pero aparentemente hubo escaso concenso en torno a ella y no podría ser considerada como una instancia de refundación nacional.

Por otra parte, hubieramos esperado un episodio refundacional también con la asensión del gobierno de izquierda: ello no ha ocurrido. Una posible explicación sería la ajustada mayoría con la que llegaron al gobierno -recordemos que poco más de un 49% de la votación no votó por el Frente Amplio- y este tipo de acuerdos necesitan grandes concensos nacionales.

Parecería entonces que estamos necesitados de un nuevo gran pacto que nos vuelva a unir como uruguayos y nos haga confiar en un futuro mejor. Un gran pacto que defina qué tipo de país queremos. Un gran acuerdo que defina qué tipo de identidad nos es común. Una nueva instancia para renovar nuestro sistema democrático y, ¿por qué no?, profundizarlo. Definiciones claras sobre el tipo de medidas estructurales que deben ser adoptadas para el combate a la pobreza y la desigualdad social. Manifestaciones colectivas de qué tipo de educación queremos que reciban nuestros hijos. Voluntades manifiestas de que no haya más emigración por necesidad y que los jóvenes -y no tan jóvenes- tengan oportunidades de vivir en nuestro país. Entre tantas otras cosas que nuestro país se ha preguntado durante muchos años.

 Esta instancia, queridos lectores, no sólo es necesaria: es imperiosa. Durante los últimos 40 años, el mundo, el país, ha cambiado mucho. Desde hace demasiado tiempo nos estamos haciendo las mismas preguntas: es hora de tomar definiciones.

¿Qué será necesario para conseguir este tan ansiado acuerdo? Mucho. Primero que nada: voluntad. Voluntad de todos los actores de la sociedad: partidos políticos, corporaciones -gremios, sindicatos, patronales, etc.-, ciudadanos de a pie, gente de todo el país, líderes juveniles, organizaciones no gubernamentales, y más. Estas voluntades se deben aúnar en una instancia de díalogo y debate respetuoso sobre las preguntas que nos venimos haciendo desde hace años, y lo más importante, deben llegar a acuerdos sustanciales para poder avanzar hacia un destino común.

 En segundo lugar: una instancia de diálogo, debate y concertación. ¿Qué instancia  podría sería la determinante de este nuevo pacto? Por ejemplo: una nueva asamblea general constituyente. Conformada por todos estos grupos que hemos mencionado previamente -y otros-; la cual que mediante amplios acuerdos deberá diseñar una nueva ley orgánica para la Nación. Por otra parte, se deberá proceder a una masiva derogación de leyes y a una simplificación del sistema legislativo: necesitamos poner “la casa en orden” y establecer reglas de juego claras y comunes a toda la ciudadanía en el ámbito legal. Debemos eliminar las leyes “con nombre y apellido”.

En tercer lugar se necesitará el concenso. Todos estos procesos deberán ser instrumentados a través de mecanismos de participación popular democrática y, deberán tener como resultado, recalcamos, consensuados acuerdos que definan, el rumbo que queremos que nuestro Uruguay tome en los próximos años.

 Una nueva instancia fundacional es necesaria. Esta vez deberá ser la del Uruguay del siglo XXI. El acuerdo es necesario, el tiempo corre, los jóvenes huyen y la sociedad sigue esperando.


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